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  • NO AMEIS AL MUNDO (Parte II)

    Comparto con uds. otro fragmento del libro "No Ameís al Mundo" escrito por
    Watchman Nee, espero les sea de bendición y redunde en una mejor calidad de vida
    cristiana, imprescindible para los tiempos que estamos viviendo. 

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    "Nuestro Señor Jesús ha logrado aquello que debió hacer el hombre en la tierra para Dios.
    El gustó la muerte "por todo" (así lo implica el original griego —no sólo por todo hombre).
    Esto es, no fue por la redención del hombre solamente que El murió sino por la de toda
    la creación y, remontándonos más atrás, para la recuperación del propósito del Padre en
    deshacer completamente todo el orden satánico del mundo.

    De modo que hoy la Iglesia tiene una responsabilidad definitiva ante Dios para registrar
    la victoria de Cristo en el territorio del diablo.
    Si ha de haber un testimonio a lo principados y potestades, si el impacto de la soberania
    de Cristo por medio de su cruz se ha de registrar en el reino espiritual, sólo podrá
    efectuarse en la medida que la base judicial del "pretendiente" de la raza es enfrentada,
    quitada y repudiada por esa misma cruz.
    Pues el objeto de Dios todavía es que el
    hombre "se enseñoree".

    Nuestra obra para El no cesa con la proclamación de un Evangelio que fue designado
    simplemente para deshacer los efectos de Génesis 3, aunque en sí una obra maravillosa.


    Dios desea también llevarnos más atrás de Génesis 1. El quiere que nosotros en Cristo
    retomemos el dominio moral sobre su enemigo que estaba allí a la vista, y así restaurarle
    efectivamente la tierra a El. Esto es bien cierto porque, como nos dice Pablo, "el anhelo
    ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios" (Ro. 8:19).
    El Evangelio de salvación es necesario y vital para poder suplir la necesidad del hombre.
    Pero sí como siervos de Dios estamos trabajando sólo para otros, estamos errando la
    primer meta de Dios en la creación que era suplir no sólo la necesidad del hombre sino
    la suya propia...

    ... De modo que si hoy hemos de satisfacer esa necesidad de Dios
    debemos avanzar un paso más y tratar con Satanás mismo. Debemos robarle su poder,
    expulsarlo de su territorio, saquearle sus bienes y liberar a sus cautivos: para Dios.

    La cuestión no es meramente: ¿Qué estamos haciendo para ganar almas?
    Más bien es: ¿Qué estamos haciendo en el territorio de los principados y potestades?
    Para esto es necesario pagar un precio.

    Es posible a menudo mover a los hombres cuando es absolutamente imposible mover
    a Satanás.
    La verdad es que cuesta mucho más lidiar con Satanás que ganar almas.
    Demanda un espíritu completamente dedicado a Dios que en sí mismo depriva
    efectivamente a Satanás de cualquier base moral que él pueda reclamar en
    nosotros. Esto es lo que cuesta. Dios en su amor misericordioso por los perdidos
    puede a menudo pasar de lado y disimular en sus siervos lo que uno podría con
    justicia considerar como espantosa debilidad y fracaso.
    Si bien puede hacer esto con el ganador de almas, en cuanto a nuestros tratos con
    el diablo es otra cosa completamente distinta.

    Los espíritus malignos pueden ver a través del testimonio del hombre. Ellos
    saben cuándo está comprometido por hacerlo a medias o con falta de sinceridad.
    Ellos saben cuándo estamos reteniendo parte del precio. Mirándonos no se hacen ilusión
    alguna en cuanto a quiénes pueden desafiar o ignorar con seguridad; y a la inversa,
    también saben perfectamente contra quiénes son impotentes:

    "A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?" (Hch. 19:15).

    Porque creen, saben cuándo temblar. Y permítaseme decir esto:
    ya que nuestra tarea más importante es su derrota, es siempre mejor que tengamos
    el testimonio de los poderes malignos que la alabanza de los hombres.


    Pero el precio de este testimonio a los principados y potestades es, repito, una
    fidelidad total e incondicional a Dios. ...

    De modo que lo digo nuevamente: la demanda es muy alta. ¿Estamos tú y yo aquí en la
    tierra totalmente entregados a Dios mismo? Y por ser esto así, ¿estamos gustando ya los
    poderes de ese glorioso siglo venidero?
    ¿Estamos reclamando territorio del príncipe de este mundo para Aquél a quien por
    derecho le pertenece?"

  • CRISTIANISMO BASICO (Parte I)

    Comparto con ustedes parte del prefacio del libro "Cristianismo Básico" de John Stott.  Conforme avance en su lectura iré compartiendo otros fragmentos.

    9bf4013cca466bd013534b1ec59ad1f9.jpg“Hostil con la iglesia, amigable con Jesucristo". Estas palabras describen a mucha gente —especialmente gente joven— hoy día.
    Se oponen a cualquier cosa que les huela a institucionalismo. Detestan el establishment y sus privilegios inamovibles. Y rechazan a la iglesia —no sin cierto justificativo— porque la consideran intolerable, corrompida como está con estos males.
    Sin embargo, el objeto de su rechazo es la iglesia, no Jesu-cristo mismo. Su actitud crítica y su indiferencia se deben precisamente a que ven una contradicción entre el fundador del cristianismo y la situación actual de la iglesia fundada por él. Pero la persona y enseñanza de Jesús no han perdido su atractivo. Por un lado, Jesús mismo se opuso al establishment y algunos de sus dichos tenían una nota revolucionaria. Al parecer sus ideales han sido incorruptibles. Respiraba amor y paz donde-quiera que fuese. Por otra parte, invariablemente practicaba lo que predicaba.
    Pero, ¿cuál es la verdad en cuanto a él?

    Muchas personas en todo el mundo todavía crecen en hogares cristianos en los cuales se da por sentado que el cristianismo es la verdad. Pero con el tiempo, cuando desarrollan sus facultades intelectuales y comienzan a pensar por su cuenta, les es más fácil echar por la borda la religión de su niñez que esforzarse por investigar las bases de la misma.
     
    Muchas otras personas no crecen en un ambiente cristiano. En su lugar absorben la enseñanza del espiritismo, el secularismo humanista, el comunismo o el existencialismo.
    Pero ambos grupos, si leen acerca de Jesús, hallan que éste ejerce sobre ellos una fascinación que no les es fácil eludir.

    Así, pues, nuestro punto de partida es la figura histórica de Jesús de Nazaret. No hay base razonable para dudar de su existencia. Su historicidad encuentra apoyo en escritores paganos y escritores cristianos.
    Dígase lo que se diga acerca de él, el hecho es que fue un ser humano en toda la extensión de la palabra. Nació, creció, trabajó y sudó, descansó y durmió, comió y bebió, sufrió y murió como todos los hombres. Tuvo un cuerpo realmente humano y emociones realmente humanas.

    Pero, ¿podemos creer que también fue en algún sentido "Dios"? ¿No es la deidad de Jesús más bien una pintoresca superstición cristiana? ¿Hay evidencia alguna que apoye la sorprendente afirmación de que el carpintero de Nazaret fue el Hijo unigénito de Dios?
    Esta pregunta es fundamental. No podemos esquivarla. Tenemos que ser honestos. Si Jesús no fue Dios en forma humana, entonces el cristianismo está arruinado. Lo que nos queda de él es sólo otra religión con algunas ideas hermosas y una ética noble. Su característica distintiva habrá desaparecido.

    Sin embargo, hay evidencias de la deidad de Jesús: evidencias buenas, sólidas, históricas y cumulativas; evidencias que la persona honesta puede acatar sin cometer suicidio intelectual. Están las pretensiones de Jesús relativas a sí mismo, tan atrevidas y, sin embargo, tan modestas. Está también su carácter incomparable. Su fortaleza y su gentileza, su rectitud insobornable y su compasión tierna, su cariño por los niños y su amor a los marginados, su dominio de sí mismo y su sacrificio despiertan la admiración de todos. Lo que es más, su muerte vil no fue su fin: se alega que resucitó, y la evidencia de su resurrección es de lo más convincente.