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  • NO AMEIS AL MUNDO (Parte I)

    845fd4c3b8e22c6460b77e017d3bd396.jpgEn el libro "No ameís al mundo" Watchman Nee, trata temas muy interesantes para el cristiano moderno.  A pesar de haber dicho estas palabras hace algunos años, las mismas  han cobrado vigencia a partir de la realidad que vive la iglesia en estos días.  Al leer este fragmento comprenderás algunas cosas que ya han sucedido en otras generaciones y que han quedado como testimonio para que aprendamos de ellas.

    "Hemos visto a la Iglesia como una fuente de constante irritación para Satanás causándole una aguda molestia y limitando su libertad de movimiento. Aunque está en el mundo, la Iglesia no sólo rehúsa ayudar en su construcción sino persiste en pronunciar juicio sobre él.

    Pero si esto es verdad, si la Iglesia es siempre una fuente de irritación al mundo, entonces de igual modo el mundo es una fuente de constante tristeza para la Iglesia. Y ya que el mundo está siempre desarrollándose, su poder de entristecer al pueblo de Dios va siempre en aumento; en verdad la Iglesia tiene que enfrentar una fuerza mayor en el mundo hoy día de la que tuvo que enfrentar en los primeros tiempos. En aquella época los hijos de Dios se enfrentaban con persecución abierta manifestada en el maltrato físico de sus personas (Hch. 12; 2 Co. 11). Siempre chocaban con lo material, lo tangible. Ahora el problema más grande que enfrentan en el mundo es más sutil, una fuerza intangible, espiritualmente maligna, detrás de las cosas materiales. El impacto de esa fuerza espiritual hoy día es mucho mayor que en aquellos tiempos. Mientras que por un lado es verdad que el pecado y la violencia serán mayores que nunca al fin de esta era, se ve claramente también en la Palabra de Dios que no es específicamente contra estas cosas que la Iglesia tendrá que luchar, sino contra la atracción espiritual de cosas mucho más sencillas y cotidianas. "Como fue en los días de Noé, así también será en los dias del Hijo del Hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos. Asimismo como sucedió en los días de Lot, comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos" (Le. 17:26-29).

    El énfasis que hace Jesús aquí no es que estas cosas —comida, casamiento, comercio, agricultura, ingeniería— eran características sobresalientes de los días de Lot y de Noé, sino que serán características de los últimos días. "Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste" (v. 30); éste es el punto crucial. Pues estas cosas no son de por sí pecaminosas; simplemente son cosas mundanas. ¿Cuándo se ha dado tanta atención a la buena vida como en nuestros días? El alimento y el vestido han llegado a ser la preocupación especial de los hijos de Dios. ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Con qué nos vestiremos? Para muchos estos son los únicos temas de conversación. Hay un poder que nos obliga a considerar estas cosas; nuestra misma existencia demanda que les prestemos atención.
    Sin embargo, las Escrituras nos advierten que "el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia", etc. Nos insta a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, y nos asegura que al hacer esto, todas estas cosas nos serán añadidas. Nos exhorta a no tener cuidado, a no preocuparnos por la comida o el vestido, pues si Dios cuida de las flores del campo y de las aves del cielo, ¿no cuidará aún más de nosotros, su pueblo? Pero a juzgar por nuestras ansiedades parecería que ellos reciben cuidados, j pero nosotros no!
    He aquí el punto que necesita un especial énfasis. Esta condición es anormal. La atención indebida a la comida y la bebida, en cualquiera de los extremos ya sea de subsistencia o lujo, que caracteriza a tantos creyentes en estos días, dista mucho de ser normal; es sobrenatural. Pues no nos enfrentamos aquí con un mero asunto de comida y bebida; nos enfrentamos con demonios. Satanás concibió y ahora controla el orden mundano y está dispuesto a utilizar poder demoníaco por medio de las cosas mundanas para atraernos al mundo. El presente estado de cosas no puede explicarse de otra manera. ¡Oh, que los hijos de Dios despertaran a este hecho! En tiempos pasados los santos de Dios enfrentaron toda suerte de dificultades, y sin embargo en medio de la opresión alzaban los ojos y confiaban en Dios. En las presiones de hoy día, sin embargo, están tan confundidos y turbados que parece serles imposible confiar en El.
    ¡Es fundamental que comprendamos el origen satánico de toda esta opresión y confusión!"

  • DIOS, VERDAD UNIVERSAL, ABSOLUTA, ETERNA

    9d953801c01a09609616b49e42696a12.jpegJosh Mcdowell cita en su libro “Es bueno o es malo” un fragmento escrito por David f. Wells en “No place for Truth” refiriéndose a los profetas del Antiguo Testamento y a los apóstoles del Nuevo Testamento, permítame compartirla con ustedes:

    “(ellos) tenían una certeza acerca de la existencia, el carácter y los propósitos de Dios – una certeza acerca de su verdad – que parece haberse desvanecido bajo la luz brillante del mundo moderno. Estaban convencidos de que la revelación de Dios, de la cual ellos eran vehículos y guardianes, era verdad. Verdad en un sentido absoluto. No era meramente verdad para ellos; no era meramente verdad en su época; no era aproximadamente verdad. Lo que Dios había dado era verdad universal, absoluta y eterna".