Ok

By continuing your visit to this site, you accept the use of cookies. These ensure the smooth running of our services. Learn more.

watchman nee

  • PENSAMIENTOS

    Pensamientos halagadores.

    Si la mente de una persona es pasiva, será fácil para el enemigo inyectar nociones sin sentido en él, por ejemplo, diciéndole:

    «Eres un vaso escogido de Dios», o «Tu obra va a sacudir todo el mundo», o «Eres mucho más espiritual que el resto», o «Deberías seguir otro curso», o «Dios pronto va a abrir un ancho campo para tu predicación», o «Deberías dar un pase adelante y vivir por fe», o «Tu utilidad especial espiritual es ilimitada».

    Leer más ...

  • LA ENSEÑANZA

    Sabemos que en estos últimos tiempos los espíritus malignos se ocupan especialmente en la enseñanza (1 Ti. 4:1).
    Los creyentes deberían guardarse contra estas enseñanzas impartidas a una mente pasiva. No son pocos los que han tenido nueva luz cuando estaban escudriñando las Escrituras y que entienden cuestiones que sus predecesores no entendían.

    Leer más ...

  • ORIGEN ESPIRITUAL, RESULTADO ESPIRITUAL

    Lo que salió de Adán era lo único que podía convertirse en la ayuda idónea de Adán. Todo lo que no provenía de Adán nunca podría ser su ayuda idónea.

    Leer más ...

  • LA IGLESIA GLORIOSA

    Fragmento extraído del libro "LA IGLESIA GLORIOSA" - Watchman Nee.

    ¡Son muchos los que piensan que pueden ser cristianos individuales!

    Leer más ...

  • EVANGELIO DE LA GRACIA Y DEL REINO

    Extraido del libro LA LIBERACION DEL ESPIRITU  (Watchman Nee)

    Estos días Dios ha venido restaurando muchas cosas. Dios no desea ver a una persona salva esperar muchos años antes de confesar sus pecados, ni que pasen muchos años antes de que los creyentes se consagren al Señor o respondan a Su llamado para seguirle.

    La manera en que el Señor obra es restaurando al hombre.  El evangelio también debe ser recobrado, al igual que el fruto de este evangelio. Tan pronto como un hombre es salvo, debe ser librado del pecado y consagrarse por completo al Señor. Además, debe romper el poder que las riquezas tengan sobre él. Su historia debería ser semejante a la de las personas que el Señor salvó, y que se mencionan en los evangelios y en Hechos. Si el evangelio es recobrado, todo aquel que lo anuncie deberá llegar a ser un canal por el cual el Señor fluya.

    Estamos seguros de que a medida que el Señor avance en Su restauración, el evangelio de la gracia llegará a ser uno con el evangelio del reino.  En los evangelios no encontramos una línea divisoria entre el evangelio de la gracia y el evangelio del reino. Sin embargo, posteriormente surgió la tendencia a hacer hincapié en el evangelio de la gracia y olvidar el evangelio del reino.  Era como si se hubieran separado estos dos.

    Pero vendrá el día cuando la unidad de los dos evangelios será restaurada. Aquellos que el Señor ha recobrado, también deben dejar todo por el y consagrarse a El plenamente. Así, los hombres no se salvarán de una manera pobre sino de una manera sólida y absoluta.

    Tenemos que humillarnos delante del Señor y decir: “El evangelio debe ser restaurado, y de la misma manera, los que predican el evangelio deben ser restaurados”.

    Debemos permitir que Dios obre por medio de nosotros para que el evangelio llegue a los hombres. Para predicar este evangelio se requiere un poder muy grande, aunque también se requiere un precio muy alto. Si anhelamos que tanto el evangelio como los que lo predican sean restaurados, debemos entregar todo al Señor y decirle:

    Señor, te entrego todo a Ti. Oro pidiendo que encuentres la manera de obrar en mí para que la iglesia también la encuentre; no quiero ser un obstáculo para Ti ni para la iglesia”.

  • El estudio de la Palabra

    Extraido de EL QUEBRANTAMIENTO DEL HOMBRE EXTERIOR Y LA LIBERACION DEL ESPIRITU

    Por Watchman Nee

    EL QUEBRANTAMIENTO Y LA OBRA DE DIOS

    Después de que el hombre exterior ha sido quebrantado, ¿cómo se acerca uno a la Palabra de Dios? ¿Cómo puede uno ministrar la Palabra y predicar el evangelio? Examinemos ahora las respuestas a estas preguntas.

    El estudio de la Palabra

    He aquí un principio innegable al estudiar la Palabra de Dios: la clase de persona que uno es determina la clase de Biblia que percibe. Muchos van a la Palabra dependiendo de su mente, la cual es confusa, rebelde y aparentemente ágil. Por lo tanto, no tocan el espíritu de la Palabra; lo que obtienen de ella es producto de su mente. Si queremos tocar al Señor al estudiar la Biblia, nuestra mente rebelde y llena de opiniones debe ser quebrantada. Tal vez creamos que tenemos una mente privilegiada, pero esto en vez de ayudar será un gran obstáculo para Dios. No importa cuán inteligentes seamos, nunca podremos conocer los pensamientos de Dios con nuestra mente natural.

    Al estudiar la Biblia debemos cumplir por lo menos dos requisitos. Primero, nuestros pensamientos deben compenetrarse con los pensamientos de la Biblia; y segundo, nuestro espíritu se debe compenetrar con el espíritu de la Biblia. Debemos identificarnos con la línea de pensamiento que tuvieron sus escritores, hombres como Pablo y Juan, entrar en sus pensamientos, y desarrollar la línea que ellos comenzaron. Debemos hacer nuestros los pensamientos que los inspiraron a ellos, seguir sus razonamientos y detenernos en las mismas enseñanzas que ellos. Nuestros pensamientos deben acoplarse a los de ellos como si fueran dos piñones que engranan perfectamente. Nuestros pensamientos deben penetrar el pensamiento de Pablo y el de Juan. Cuando nuestra mentalidad se compenetra con el pensamiento bíblico y se hace uno con
    la inspiración divina podemos entender lo que la Biblia revela.


    Muchas personas leen la Biblia valiéndose exclusivamente de su mente. Procuran obtener en ella ideas y material que apoye sus muchas doctrinas preconcebidas. Cuando una persona experimentada oye a alguien compartir de alguna porción bíblica, podrá discernir si su enseñanza proviene de su mente, o si en realidad es el pensamiento genuino de la Biblia. Hay una gran diferencia entre estas dos clases de predicación. De hecho, pertenecen a dos mundos diferentes. El predicador puede ser muy apegado a la Biblia y sus mensajes muy
    atrayentes, pero sus pensamientos son contrarios al pensamiento de la Biblia y son incompatibles con ella. Sin embargo, hay una manera correcta de compartir la Palabra, aunque pocos la practican. Para que nuestros pensamientos sean uno con los de la Palabra, nuestro hombre exterior debe haber sido quebrantado. Si tal no es el caso, ni siquiera podremos leer las Escrituras. No debemos pensar que nuestro estudio de la Biblia es escaso, debido a que no contamos con la persona que nos pueda enseñar. Debemos reconocer que el problema está en nosotros, pues nuestros pensamientos no han sido subyugados por Dios. Tan pronto como somos quebrantados, nuestras actividades y conceptos cesan,
    comenzamos a tocar el pensamiento del Señor de manera gradual, y seguimos la línea de pensamiento que inspiró a los escritores bíblicos, hasta llegar a pensar como ellos. Para entrar en el pensamiento de la Biblia, es indispensable que nuestro hombre exterior sea quebrantado y deje así de ser un obstáculo para Dios.


    Al estudiar la Biblia nuestros pensamientos deben compenetrarse con los de los escritores bíblicos y con los del Espíritu Santo, pero éste es sólo el primer paso. Si no damos este paso no podemos estudiar la Biblia; no obstante, aun después de darlo es posible leer la Biblia incorrectamente. La Biblia consta de pensamientos o enseñanzas, pero su aspecto más importante es que el Espíritu de Dios es liberado por medio de ella. Esta fue la experiencia que tuvieron Pedro, Juan, Mateo, Marcos y los demás escritores. Mientras estos hombres escribían bajo la inspiración del Espíritu Santo, seguían un delineamiento específico; con todo, sus espíritus iban ligados a la inspiración que recibían del Espíritu Santo. El mundo no puede entender que el Espíritu está detrás de la Escritura. Cuando el Espíritu es liberado es como si los profetas mismos estuvieran vivos y se dirigieran a nosotros una vez más. Si los oímos hoy, vemos que lo que dicen no sólo consta de palabras e ideas, sino de algo más, algo misterioso e inexplicable, que sabemos, en lo más recóndito de nuestro ser, es el Espíritu. Así que la Biblia es más que palabras; es la liberación del Espíritu. Por lo tanto, el requisito más básico y crucial al estudiar la Biblia es liberar nuestro espíritu para tocar el espíritu que está en ella. Sólo así podremos entender realmente la Palabra de Dios.

    Supongamos que un niño travieso rompe un vidrio de la casa de un vecino. El dueño de la vivienda sale y lo regaña duramente. Cuando la madre del niño se entera de la travesura, también ella lo amonesta. Aunque ambos regañan al muchacho, hay una marcada diferencia entre el regaño del vecino y el de la madre. El dueño de la casa lo regaña ásperamente con un espíritu de ira, mientras que la madre lo hace en amor, esperando instruir y educar a su hijo. Los espíritus de ambos son completamente diferentes.

    Aunque éste es un ejemplo sencillo, nos da luz para entender este principio. El Espíritu que inspiró la Biblia es mucho mayor que el "espíritu" de este ejemplo. Es el Espíritu eterno y el mismo que permanece con nosotros. La Palabra de Dios está impregnada de este Espíritu. Cuando nuestro hombre exterior ha sido quebrantado y nuestro espíritu es liberado, no sólo nuestros pensamientos serán uno con el pensamiento de la Palabra, sino que todo nuestro ser tocará el Espíritu mismo de la Biblia. Pero si no liberamos nuestro espíritu, y permanecemos aislados del espíritu de los autores de la Biblia, nunca entenderemos cabalmente la Palabra de Dios, y ésta será sólo letra muerta en nuestras manos. Por lo tanto, debemos recalcar una vez más la importancia de que nuestro hombre exterior sea quebrantado, pues sólo así nuestros pensamientos serán fructíferos, nuestro espíritu será liberado y no restringiremos a Dios ni seremos un obstáculo para El. Inclusive mientras estudiamos la Biblia estorbamos a Dios y lo limitamos.

    El ministerio de la Palabra

    Por un lado, Dios desea que entendamos Su palabra, pues esto es básico para Su obra; por otro, El intenta depositar Sus palabras en nuestro espíritu, para que éstas sean la carga que ministremos a la iglesia. En Hechos 6:4 dice: "Y nosotros perseveraremos en la oración y en el ministerio de la palabra". Ministrar equivale a servir; esto significa que el ministerio de la Palabra de Dios es un servicio que se da a los hombres.

  • ES NECESARIO QUE EL FRASCO DE ALABASTRO SEA QUEBRADO

    exterior.jpegLa Biblia habla del ungüento de nardo puro (Jn. 12:3). La Palabra de Dios usa
    intencionalmente el adjetivo puro. Este es un ungüento de nardo puro, algo
    verdaderamente espiritual. No obstante, a menos que el frasco de alabastro
    fuera quebrado, el ungüento de nardo puro no podía ser liberado. Es extraño
    que mucha gente valore más el frasco de alabastro que el ungüento. De la misma manera, muchos piensan que su hombre exterior es más valioso que su hombre interior. Este es el problema que enfrenta la iglesia en la actualidad. Es posible que valoremos demasiado nuestra propia sabiduría y pensemos que somos superiores. Otros pueden estimar sus emociones y creer que son personas excepcionales. Muchos otros se valoran exageradamente a sí mismos y creen que son mejores que los demás. Piensan que su elocuencia, sus capacidades, su
    discernimiento y juicio, son mejores que los de otros. Pero debemos saber que no somos coleccionistas de antigüedades, ni admiradores de frascos de
    alabastro, sino que buscamos el aroma del ungüento. Si la parte exterior no se quiebra, el contenido no puede salir. Ni nosotros ni la iglesia podremos seguir adelante. No debemos seguir protegiéndonos tanto a nosotros mismos.

    El Espíritu Santo nunca ha dejado de obrar en los creyentes. Muchos pueden
    dar testimonio de la manera en que la obra de Dios nunca se ha detenido en
    ellos. Ellos enfrentan una prueba tras otra, un incidente tras otro. El Espíritu
    Santo tiene una sola meta en toda Su obra de disciplina: quebrantar y deshacer al hombre exterior, para que el hombre interior encuentre salida. Pero nuestro problema es que tan pronto enfrentamos una pequeña dificultad, murmuramos, y cuando sufrimos alguna pequeña derrota nos quejamos. El Señor ha preparado un camino para nosotros y está dispuesto a usarnos. Pero tan pronto como Su mano nos toca, nos sentimos tristes. Alegamos con El o nos quejamos ante El por todo. Desde el día en que fuimos salvos, el Señor ha estado obrando en nosotros de muchas formas, con el propósito de quebrantar nuestro yo. Lo sepamos o no, la meta del Señor siempre es la misma: quebrantar nuestro hombre exterior.

    EXTRAIDO DE: "EL QUEBRANTAMIENTO DEL HOMBRE EXTERIOR Y LA LIBERACION DEL ESPIRITU"  - WATCHMAN NEE

  • NO AMEIS AL MUNDO (Parte II)

    Comparto con uds. otro fragmento del libro "No Ameís al Mundo" escrito por
    Watchman Nee, espero les sea de bendición y redunde en una mejor calidad de vida
    cristiana, imprescindible para los tiempos que estamos viviendo. 

     706bffbdf5fb5b1b0fa61b6e37507c3e.jpg

    "Nuestro Señor Jesús ha logrado aquello que debió hacer el hombre en la tierra para Dios.
    El gustó la muerte "por todo" (así lo implica el original griego —no sólo por todo hombre).
    Esto es, no fue por la redención del hombre solamente que El murió sino por la de toda
    la creación y, remontándonos más atrás, para la recuperación del propósito del Padre en
    deshacer completamente todo el orden satánico del mundo.

    De modo que hoy la Iglesia tiene una responsabilidad definitiva ante Dios para registrar
    la victoria de Cristo en el territorio del diablo.
    Si ha de haber un testimonio a lo principados y potestades, si el impacto de la soberania
    de Cristo por medio de su cruz se ha de registrar en el reino espiritual, sólo podrá
    efectuarse en la medida que la base judicial del "pretendiente" de la raza es enfrentada,
    quitada y repudiada por esa misma cruz.
    Pues el objeto de Dios todavía es que el
    hombre "se enseñoree".

    Nuestra obra para El no cesa con la proclamación de un Evangelio que fue designado
    simplemente para deshacer los efectos de Génesis 3, aunque en sí una obra maravillosa.


    Dios desea también llevarnos más atrás de Génesis 1. El quiere que nosotros en Cristo
    retomemos el dominio moral sobre su enemigo que estaba allí a la vista, y así restaurarle
    efectivamente la tierra a El. Esto es bien cierto porque, como nos dice Pablo, "el anhelo
    ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios" (Ro. 8:19).
    El Evangelio de salvación es necesario y vital para poder suplir la necesidad del hombre.
    Pero sí como siervos de Dios estamos trabajando sólo para otros, estamos errando la
    primer meta de Dios en la creación que era suplir no sólo la necesidad del hombre sino
    la suya propia...

    ... De modo que si hoy hemos de satisfacer esa necesidad de Dios
    debemos avanzar un paso más y tratar con Satanás mismo. Debemos robarle su poder,
    expulsarlo de su territorio, saquearle sus bienes y liberar a sus cautivos: para Dios.

    La cuestión no es meramente: ¿Qué estamos haciendo para ganar almas?
    Más bien es: ¿Qué estamos haciendo en el territorio de los principados y potestades?
    Para esto es necesario pagar un precio.

    Es posible a menudo mover a los hombres cuando es absolutamente imposible mover
    a Satanás.
    La verdad es que cuesta mucho más lidiar con Satanás que ganar almas.
    Demanda un espíritu completamente dedicado a Dios que en sí mismo depriva
    efectivamente a Satanás de cualquier base moral que él pueda reclamar en
    nosotros. Esto es lo que cuesta. Dios en su amor misericordioso por los perdidos
    puede a menudo pasar de lado y disimular en sus siervos lo que uno podría con
    justicia considerar como espantosa debilidad y fracaso.
    Si bien puede hacer esto con el ganador de almas, en cuanto a nuestros tratos con
    el diablo es otra cosa completamente distinta.

    Los espíritus malignos pueden ver a través del testimonio del hombre. Ellos
    saben cuándo está comprometido por hacerlo a medias o con falta de sinceridad.
    Ellos saben cuándo estamos reteniendo parte del precio. Mirándonos no se hacen ilusión
    alguna en cuanto a quiénes pueden desafiar o ignorar con seguridad; y a la inversa,
    también saben perfectamente contra quiénes son impotentes:

    "A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?" (Hch. 19:15).

    Porque creen, saben cuándo temblar. Y permítaseme decir esto:
    ya que nuestra tarea más importante es su derrota, es siempre mejor que tengamos
    el testimonio de los poderes malignos que la alabanza de los hombres.


    Pero el precio de este testimonio a los principados y potestades es, repito, una
    fidelidad total e incondicional a Dios. ...

    De modo que lo digo nuevamente: la demanda es muy alta. ¿Estamos tú y yo aquí en la
    tierra totalmente entregados a Dios mismo? Y por ser esto así, ¿estamos gustando ya los
    poderes de ese glorioso siglo venidero?
    ¿Estamos reclamando territorio del príncipe de este mundo para Aquél a quien por
    derecho le pertenece?"