24/05/08

NO AMEIS AL MUNDO (Parte II)

Comparto con uds. otro fragmento del libro "No Ameís al Mundo" escrito por
Watchman Nee, espero les sea de bendición y redunde en una mejor calidad de vida
cristiana, imprescindible para los tiempos que estamos viviendo. 

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"Nuestro Señor Jesús ha logrado aquello que debió hacer el hombre en la tierra para Dios.
El gustó la muerte "por todo" (así lo implica el original griego —no sólo por todo hombre).
Esto es, no fue por la redención del hombre solamente que El murió sino por la de toda
la creación y, remontándonos más atrás, para la recuperación del propósito del Padre en
deshacer completamente todo el orden satánico del mundo.

De modo que hoy la Iglesia tiene una responsabilidad definitiva ante Dios para registrar
la victoria de Cristo en el territorio del diablo.
Si ha de haber un testimonio a lo principados y potestades, si el impacto de la soberania
de Cristo por medio de su cruz se ha de registrar en el reino espiritual, sólo podrá
efectuarse en la medida que la base judicial del "pretendiente" de la raza es enfrentada,
quitada y repudiada por esa misma cruz.
Pues el objeto de Dios todavía es que el
hombre "se enseñoree".

Nuestra obra para El no cesa con la proclamación de un Evangelio que fue designado
simplemente para deshacer los efectos de Génesis 3, aunque en sí una obra maravillosa.


Dios desea también llevarnos más atrás de Génesis 1. El quiere que nosotros en Cristo
retomemos el dominio moral sobre su enemigo que estaba allí a la vista, y así restaurarle
efectivamente la tierra a El. Esto es bien cierto porque, como nos dice Pablo, "el anhelo
ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios" (Ro. 8:19).
El Evangelio de salvación es necesario y vital para poder suplir la necesidad del hombre.
Pero sí como siervos de Dios estamos trabajando sólo para otros, estamos errando la
primer meta de Dios en la creación que era suplir no sólo la necesidad del hombre sino
la suya propia...

... De modo que si hoy hemos de satisfacer esa necesidad de Dios
debemos avanzar un paso más y tratar con Satanás mismo. Debemos robarle su poder,
expulsarlo de su territorio, saquearle sus bienes y liberar a sus cautivos: para Dios.

La cuestión no es meramente: ¿Qué estamos haciendo para ganar almas?
Más bien es: ¿Qué estamos haciendo en el territorio de los principados y potestades?
Para esto es necesario pagar un precio.

Es posible a menudo mover a los hombres cuando es absolutamente imposible mover
a Satanás.
La verdad es que cuesta mucho más lidiar con Satanás que ganar almas.
Demanda un espíritu completamente dedicado a Dios que en sí mismo depriva
efectivamente a Satanás de cualquier base moral que él pueda reclamar en
nosotros. Esto es lo que cuesta. Dios en su amor misericordioso por los perdidos
puede a menudo pasar de lado y disimular en sus siervos lo que uno podría con
justicia considerar como espantosa debilidad y fracaso.
Si bien puede hacer esto con el ganador de almas, en cuanto a nuestros tratos con
el diablo es otra cosa completamente distinta.

Los espíritus malignos pueden ver a través del testimonio del hombre. Ellos
saben cuándo está comprometido por hacerlo a medias o con falta de sinceridad.
Ellos saben cuándo estamos reteniendo parte del precio. Mirándonos no se hacen ilusión
alguna en cuanto a quiénes pueden desafiar o ignorar con seguridad; y a la inversa,
también saben perfectamente contra quiénes son impotentes:

"A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?" (Hch. 19:15).

Porque creen, saben cuándo temblar. Y permítaseme decir esto:
ya que nuestra tarea más importante es su derrota, es siempre mejor que tengamos
el testimonio de los poderes malignos que la alabanza de los hombres.


Pero el precio de este testimonio a los principados y potestades es, repito, una
fidelidad total e incondicional a Dios. ...

De modo que lo digo nuevamente: la demanda es muy alta. ¿Estamos tú y yo aquí en la
tierra totalmente entregados a Dios mismo? Y por ser esto así, ¿estamos gustando ya los
poderes de ese glorioso siglo venidero?
¿Estamos reclamando territorio del príncipe de este mundo para Aquél a quien por
derecho le pertenece?"

19/04/08

NO AMEIS AL MUNDO (Parte I)

845fd4c3b8e22c6460b77e017d3bd396.jpgEn el libro "No ameís al mundo" Watchman Nee, trata temas muy interesantes para el cristiano moderno.  A pesar de haber dicho estas palabras hace algunos años, las mismas  han cobrado vigencia a partir de la realidad que vive la iglesia en estos días.  Al leer este fragmento comprenderás algunas cosas que ya han sucedido en otras generaciones y que han quedado como testimonio para que aprendamos de ellas.

"Hemos visto a la Iglesia como una fuente de constante irritación para Satanás causándole una aguda molestia y limitando su libertad de movimiento. Aunque está en el mundo, la Iglesia no sólo rehúsa ayudar en su construcción sino persiste en pronunciar juicio sobre él.

Pero si esto es verdad, si la Iglesia es siempre una fuente de irritación al mundo, entonces de igual modo el mundo es una fuente de constante tristeza para la Iglesia. Y ya que el mundo está siempre desarrollándose, su poder de entristecer al pueblo de Dios va siempre en aumento; en verdad la Iglesia tiene que enfrentar una fuerza mayor en el mundo hoy día de la que tuvo que enfrentar en los primeros tiempos. En aquella época los hijos de Dios se enfrentaban con persecución abierta manifestada en el maltrato físico de sus personas (Hch. 12; 2 Co. 11). Siempre chocaban con lo material, lo tangible. Ahora el problema más grande que enfrentan en el mundo es más sutil, una fuerza intangible, espiritualmente maligna, detrás de las cosas materiales. El impacto de esa fuerza espiritual hoy día es mucho mayor que en aquellos tiempos. Mientras que por un lado es verdad que el pecado y la violencia serán mayores que nunca al fin de esta era, se ve claramente también en la Palabra de Dios que no es específicamente contra estas cosas que la Iglesia tendrá que luchar, sino contra la atracción espiritual de cosas mucho más sencillas y cotidianas. "Como fue en los días de Noé, así también será en los dias del Hijo del Hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos. Asimismo como sucedió en los días de Lot, comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos" (Le. 17:26-29).

El énfasis que hace Jesús aquí no es que estas cosas —comida, casamiento, comercio, agricultura, ingeniería— eran características sobresalientes de los días de Lot y de Noé, sino que serán características de los últimos días. "Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste" (v. 30); éste es el punto crucial. Pues estas cosas no son de por sí pecaminosas; simplemente son cosas mundanas. ¿Cuándo se ha dado tanta atención a la buena vida como en nuestros días? El alimento y el vestido han llegado a ser la preocupación especial de los hijos de Dios. ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Con qué nos vestiremos? Para muchos estos son los únicos temas de conversación. Hay un poder que nos obliga a considerar estas cosas; nuestra misma existencia demanda que les prestemos atención.
Sin embargo, las Escrituras nos advierten que "el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia", etc. Nos insta a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, y nos asegura que al hacer esto, todas estas cosas nos serán añadidas. Nos exhorta a no tener cuidado, a no preocuparnos por la comida o el vestido, pues si Dios cuida de las flores del campo y de las aves del cielo, ¿no cuidará aún más de nosotros, su pueblo? Pero a juzgar por nuestras ansiedades parecería que ellos reciben cuidados, j pero nosotros no!
He aquí el punto que necesita un especial énfasis. Esta condición es anormal. La atención indebida a la comida y la bebida, en cualquiera de los extremos ya sea de subsistencia o lujo, que caracteriza a tantos creyentes en estos días, dista mucho de ser normal; es sobrenatural. Pues no nos enfrentamos aquí con un mero asunto de comida y bebida; nos enfrentamos con demonios. Satanás concibió y ahora controla el orden mundano y está dispuesto a utilizar poder demoníaco por medio de las cosas mundanas para atraernos al mundo. El presente estado de cosas no puede explicarse de otra manera. ¡Oh, que los hijos de Dios despertaran a este hecho! En tiempos pasados los santos de Dios enfrentaron toda suerte de dificultades, y sin embargo en medio de la opresión alzaban los ojos y confiaban en Dios. En las presiones de hoy día, sin embargo, están tan confundidos y turbados que parece serles imposible confiar en El.
¡Es fundamental que comprendamos el origen satánico de toda esta opresión y confusión!"