20/11/08

EFECTO GIEZI

 

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Esta tarjeta de presentación la encontré tirada en el piso. Quizás podría decir que la encontré simplemente, pero quiero ser exacto en la transmisión de la información porque creo que estas cosas ejemplifican el estado actual de muchos sectores de la iglesia.

Llegamos al punto en el que se necesitan de estas tarjetas baratas para aseverar lo que somos ¿Qué?... “Apóstol”, “Profeta”, “Pastor Presidente”, etc, etc, etc.

Realmente la calamidad nos acecha, ¿Tendremos una remota idea de lo que significó para aquellos primeros cristianos ser lo que fueron? ¿Podría alguno de estos “tarjeteros de moda” ponerse a la altura de aquellos? Y no precisamente por la grandeza sino por todo lo contrario, la humildad.

No tengo intenciones de agraviar a nadie por eso preservo los datos personales. Simplemente compartir con los lectores mi estupor por estas cosas que suceden.

Para finalizar comparto brevemente un fragmento del libro “Harán mercadería de vosotros” escrito por Michael Clark & George Davis, (a quienes no conozco), el fragmento se titula “El Efecto Giezi”


El efecto Gezi

Yo, Michael, recibí recientemente una invitación a una próxima conferencia. Para asistir, tenías que pagar $ 45 en la entrada. Un antiguo amigo era uno de los conferenciantes invitados y las personas que lo organizaban eran antiguos amigos de la iglesia. Esta es la carta que esperaba que les hiciera recuperar el sentido:

“Aunque me gustaría muchísimo ver a mi amigo_________ de nuevo, no puedo prostituir su don pagando por verle y por recibir de él, por lo que supongo que tendré que pasar sin esto. Por favor, salúdenlo de nuestra parte.”

Esto es en parte la razón por la que no puedo ministrar al estilo de cómo se hace en la iglesia americana hoy día.

Cuando el Espíritu comenzó a moverse en mí en lo profético, me advirtió que no fuera detrás de ninguna ganancia mundana por el uso de Sus dones o terminaría como Gezi, el siervo de Eliseo (lee 2ª Reyes 5)

Me temo que mi ardiente llamado a estos viejos amigos cayó en oídos sordos. ¿Oiremos las advertencias de Jesús o acabaremos como la esposa de Lot?