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William MacDonald

  • ANSIEDAD

    En su libro "De día en día", William Macdonald nos ha dejado una importante enseñanza práctica para todos aquellos que de una manera u otra somos propensos a pasar por tiempos de ansiedad,  temor o incertidumbre cuando miramos hacia el futuro.

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  • LA LEY Y LA GRACIA

    (Extraído del libro ¿Cual es la Diferencia? - Escrito por William MacDonald)

     

    La ley y la gracia son dos maneras opuestas con las que Dios trata con la raza humana. Podemos describirlos como principios distintos bajo los que Él prueba al hombre.  O pensamos acerca de ellos como pactos que Él ha hecho con Su pueblo: "Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo" (Jn. 1:17).


    Bajo el principio de la ley, el hombre recibe lo que se gana o merece.
    Bajo la gracia se le libra de lo que se merece y recibe riquezas más allá de toda descripción; todo ello como un don de gracia.

    Los dos principios son descritos así en Romanos 4:4,5:
    Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, si no
    cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.

    La gracia y la ley son mutamente exclusivas; esto es, no pueden ser mezcladas. "... Y si por gracia, ya
    no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia
    " (Ro. 11:6).

    La ley es un pacto condicional. Dios dice: "Si obedecéis, os premiaré, pero si desobedecéis, tendré
    que castigaros.
    "

    La gracia es un pacto incondicional. Dios dice: "Os bendeciré de pura gracia."

    La ley dice haz, mientras que la gracia dice cree.
    Pero creer no impone una condición; constituye simplemente una respuesta razonable de una criatura a su Creador. Y no es meritorio; nadie puede enorgullecerse de haber creído en el Señor.

    Sería una necedad no creer en la única persona digna de confianza en el universo.
    Bajo la ley se demanda la santidad, pero no se provee ningún poder para vivir una vida santa. Bajo la gracia se enseña la santidad (Tit. 2:11, 12) y se provee el necesario poder. Alguien lo ha expresado así:


    "La ley exige una capacidad de aquel que no la tiene y le maldice si no puede ejercitarla. La gracia de capacidad al que no la tiene y le bendice en su ejercicio."

    La ley trae una maldición: "Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas" (Gá. 3:10). La gracia trae bendición: "Siendo justificados gratuitamente por Su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús" (Ro. 3:24).


    Bajo la ley se potencia la vanagloria, pero bajo la gracia éste es eliminada. "¿Dónde, pues, está la
    jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe" (Ro. 3:27).


    No puede haber ninguna seguridad de la salvación bajo la ley; nadie podría saber si había efectuado las buenas obras suficientes o el tipo necesario de buenas obras. Bajo la gracia existe una plena seguridad debido a que la salvación es un don; y ¡uno sabe cuándo ha recibido un don!
    Una persona bajo la ley no podría tener una verdadera seguridad debido a que no podría hallarse segura de que continuaría cumpliendo los requisitos. Bajo la gracia el creyente goza de seguridad eterna (Jn. 10:27-29), debido a que su salvación depende de la obra de Cristo.

    No hay salvación por la ley. Dios nunca dispuso que nadie se salvara mediante tal principio. El propósito de la ley es mostrar al hombre que es un pecador. "Pero medio de la ley es el conocimiento del pecado" (Ro. 3:20), no el conocimiento de la salvación.

    La salvación es por la gracia (Ef. 2:8, 9). Es el don libre y sin reservas por parte de Dios a aquellos que
    reciben al Señor Jesucristo como la única esperanza para ellos de ir al cielo.

    Bajo la ley se potencia el pecado (Ro. 7:8-13); bajo la gracia es despreciado. Cuando el hombre pecador es puesto bajo la ley, inmediatamente quiere hacer aquello que está prohibido. Ello no es por culpa de la ley, sino que es la respuesta del pecado en la naturaleza del hombre. Bajo la gracia, el pecado es despreciado. La memoria de lo que nuestros pecados le costaron al Salvador hace que nos alejemos de ellos. Bajo la ley nunca teimina el trabajo. Esta es la razón por la que el sábado, el séptimo día, venía después de toda una semana de esfuerzos. La gracia nos habla de una obra acabada, por lo que empezamos nuestra semana con el día del Señor, nuestro día de descanso.

    La ley nos dice qué es lo que el hombre debe hacer.
    La gracia nos revela lo que Dios ha hecho en Cristo.
    La ley es un sistema de esclavitud (Gá. 4:1 -3); la gracia es un sistema de libertad (Gá. 5:1). Los hombres son siervos bajo la ley; los hombres bajo la gracia son hijos.

    La ley dice: "Amarás. . ." La gracia dice: "Porque tanto amó Dios ..."
    La ley dice: "Haz esto, y vivirás." La gracia dice: "Vive, y harás."
    Bajo la ley un hijo rebelde era echado fuera de la ciudad y apedreado (Dt. 21:18-21). Bajo la gracia el
    hijo pródigo puede confesar su pecado y volver de nuevo a la comunión de su padre (Le. 15:21-24).
    Bajo la ley las ovejas mueren por el pastor. Bajo la gracia, el pastor muere por las ovejas (Jn. 10:11).

    La superioridad de la gracia se ha descrito de la siguiente manera: La gracia no consiste en buscar
    hombres para poderlos aprobar, porque no es de la gracia sino de la justicia el aprobar la bondad, si no que consiste en buscar hombres condenados, culpables, sin excusa, e inermes a los que poder salvar, santificar y glorificar.

  • LA SALVACION ES DE JEHOVA

    A esta altura del año quienes hayan seguido este blog o bien su gemelo (http://g5m.blogspirit.com y http://almenoscambiemosalgo.wordpress.com) se habrán dado cuenta de que el libro de devocionales "De día en día" ya forma parte de mis preferidos. Realmente William MacDonald ha logrado captar mi atención con cada una de sus reflexiones y me han dejado cautivado por horas sus breves pero profundas percepciones de la realidad del cristiano de este siglo.  Hoy comparto con ustedes, (siempre con el temor de cansarles, espero que no), otra de sus reflexiones.

    La salvación es de Jehová (Jonás 2:9)

    A todos nos es familiar el celoso "ganador de almas" que va de un lado a otro, "pescando" a personas, guiándolas por medio de una fórmula de salvación, e insistiéndoles de tal modo que estas
    hacen una pequeña oración y profesión de fe con tal de quitarse al pesado de encima. Éste añade otro convertido a su lista y alza la vista buscando más cabezas que contar. ¿Así se evangeliza?

    Debemos admitir que no. Eso más bien es acoso religioso y proceder ilícito, y como cualquiera otra cosa hecha según las fuerzas de la carne, hace más mal que bien.

    John Stott tenía razón al escribir: "Cristo tiene las llaves. Es El quien abre las puertas. Entonces, no forcemos bruscamente las puertas que aún están cerradas. Hemos de esperar que El nos las abra. La causa de Cristo es continuamente perjudicada a causa del testimonio brusco o irrespetuoso. Sin duda, tenemos que hacer lo posible para ganar a nuestros amigos, familiares y compañeros de trabajo para Cristo. Pero a veces corremos demasiado y nos adelantamos a Dios. ¡Paciencia! Ora con fervor y ama mucho, y permanece en continua expectación para aprovechar toda oportunidad que se te presente para testificar".

    Aunque podamos no estar de acuerdo con mucha de la doctrina de Dietrich Bonhoeffer, haremos bien en tomar en serio estas palabras suyas: "La palabra de salvación tiene sus límites. No hay poder ni derecho para forzársela a otros... Todo intento de imponer el Evangelio por la fuerza, de perseguir a la gente y proselitizaria, de usar nuestros propios recursos para apañar la salvación de otras personas, es tanto inútil como peligroso...Tan sólo obtendremos la rabia ciega de corazones duros y entenebrecidos, y todo será inútil y dañino. Nuestra facilidad traficando la palabra de gracia barata aburre y disgusta al mundo de tal modo que, al final, se vuelve contra aquellos que intentan forzar algo no deseado".
    La verdadera conversión es una obra del Espíritu Santo, No es de "voluntad de varón", en el sentido de que el hombre no la puede producir por su propio esfuerzo, por muy buena intención que tenga. Cuando se le presiona a alguien para que profese a Cristo sin tener el pleno consentimiento de su voluntad, la persona se desilusiona e insensibiliza, convirtiéndose en muchos casos en enemigo de la Cruz de Cristo.
    Cuando el Espíritu Santo nos usa para la salvación de otra persona, participamos de una de las mayores experiencias de la vida. Pero resulta en algo estrafalario y grotesco cuando intentamos hacerlo en nuestras propias fuerzas.

  • Basta de Correr y Gastar

    William MacDonald nos comparte en su libro “De día en Día” la siguiente reflexión y espero que al leerla despierte a quienes hoy corren detrás de todo evento, convención o congreso que se realiza como si de ello dependieran sus vidas espirituales.

    Despierte a quienes hoy se encuentran, como yo me encontraba hace algun tiempo, siguiendo detrás de hombres ilustres o nuevas unciones encarnadas en super-siervos, que lo único que hicieron fue añadir desilusión y, porque no decirlo, algunas pérdidas económicas.

    Cristo es el todo. (Colosenses 3:71)

    Los cristianos tenemos la tendencia de gastar mucho tiempo buscandonuevas experiencias espirituales que nos garanticen, de alguna manera, una victoria permanente o la libertad de los altibajos del diario vivir. Nos apresuramos a asistir a convenciones, conferencias, seminarios y talleres en busca de una elusiva fórmula mágica que suavice las asperezas de la vida. Folletos satinados nos aseguran que el Dr. Don Fulano de Tal compartirá un nuevo secreto que nos hará avanzar en el Espíritu. O bien algún vecino celoso insiste en arrastrarnos al Auditorio Municipal para oír hablar de un atajo recientemente descubierto que nos llevará a la vida abundante.
    Los señuelos son legión. Un predicador ofrece el camino verdadero a la realización. Otro anuncia el secreto triple de la victoria. Hoy asistimos a un seminario para aprender las claves de la vida más profunda. A la semana siguiente hay una convención sobre los cinco pasos fáciles a la santidad. Avanzamos en tropel para un llamado al altar que nos hará experimentar la plenitud del Espíritu. O nos obsesionamos con la sanidad del cuerpo como si ésta fuera la cosa más importante en la vida. En un minuto nos hacemos mar adentro en la llamada psicología cristiana, en el siguiente en la sanidad de los recuerdos. Damos la vuelta por mar y tierra buscando una nueva cima espiritual.

    No cabe duda de que muchos de estos predicadores son sinceros y que hay valor en algunas de las cosas que dicen. Pese a todo, tenemos que volver a la esencia de la vida para encontrar que no hay atajos a la santidad, que los problemas están todavía allí y que debemos vivir día a día dependiendo del Señor.
    Tarde o temprano debemos aprender que es mejor estar ocupados con el Señor Jesús que con las experiencias. No hay desilusión en El. Todo lo que necesitamos está en El. Él es el Todosuficiente.
    A. B. Simpson de la Alianza Cristiana pasó la primera parte de su vida en la búsqueda de experiencias, pero en ellas no encontró satisfacción. Después escribió el hermoso himno titulado "Él Mismo":

    Una vez fue la bendición, ahora es el Señor;
    Una vez fue el sentimiento, ahora Su Palabra es;
    Una vez Sus dones anhelé, ahora es mío el Dador;
    Una vez la sanidad busqué, ahora solamente Él es.
    Todo en todos, Jesús, cantaré;
    Todo en Jesús y Jesús es todo.

  • SALGA URGENTE DE ESE LUGAR

    William MacDonald en su libro de devocionales “de Día en Día” expresa lo que muchos de nosotros hemos querido expresar, pero el lo hace con real elocuencia.
    Ante un mal que aqueja a la iglesia de la actualidad voces como la de MacDonald nos ayudan a tomar decisiones sabias por una parte, y por otra, a traer paz a los corazones de aquellos que hemos salido de sistemas de hombres y hemos buscado las sendas antiguas como único refugio para la fe en días tan turbulentos.

    Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor,
    Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré,
    Y seré para vosotros por Padre,

    Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.
    2da Corintios 6:17-18

    ¿Qué debe hacer un cristiano cuando se encuentra en una iglesia que se ha tornado cada vez más liberal y modernista?

    Esa iglesia fue fundada por hombres que creían que la Biblia es
    inerrante, y en todas las demás doctinas fundamentales de la fe. Tenía una gloriosa historia de fervor evangélico y de esfuerzo misionero. Muchos de sus ancianos eran eruditos bien conocidos y fieles predicadores de la Palabra. Pero los seminarios e institutos bíblicos los han sustituido por una nueva especie y ahora los pastores que salen de ellos predican un evangelio social. Todavía
    emplean fraseología bíblica, pero dan a entender algo completamente diferente con ella. Socaban las doctrinas más importantes de la Biblia, ofrecen explicaciones naturales para los milagros y hacen mofa de la moralidad bíblica. Salen al frente defendiendo la política radical y las causas subversivas. Hablan despectivamente de los fundamentalistas.
    ¿Qué debe hacer un cristiano? Quizás su familia ha estado relacionada con esa iglesia durante generaciones. El mismo ha contribuido generosamente a través de los años. Sus amigos más íntimos están allí. Se pregunta qué les sucederá a los jóvenes de su iglesia, si él se va. ¿No debe permanecer en la iglesia y ser una voz de Dios mientras esto sea posible?

    Sus argumentos le parecen plausibles. Sin embargo, su alma justa se aflige al ver que la gente acude a las reuniones de la iglesia en busca de pan semana tras semana, y no consigue sino piedras. Aprecia todo lo que le liga aún allí y se apena al oír que a su Salvador lo condenan con confusas alabanzas.
    No hay duda acerca de lo que debe hacer. Debe dejar esa iglesia. Es el claro mandamiento de la Palabra de Dios. Si se deshace de ese yugo desigual, Dios se encargará de todas las consecuencias. Dios asumirá la responsabilidad por aquellos jóvenes y proveerá nuevas amistades. De hecho, Dios mismo promete serle un Padre con una intimidad que es conocida solamente por aquellos que son obedientes indiscutiblemente.

    "La bienaventuranza de la verdadera separación es nada menos que la gloriosa compañía del gran Dios".

  • AVIVAMIENTO AL MODO DE DIOS

    William Macdonald vierte el siguiente comentario en su libro "De día en día".

     

    ¿No volverás a darnos vida, para que tu pueblo se regocije en ti (Salmo 85:6)

    Un estado de decaimiento es a menudo como un cáncer; no sabemos que lo tenemos. Podemos irnos haciendo gradualmente tan fríos espiritualmente que no nos damos cuenta cuan carnales hemos llegado a ser en realidad. Algunas veces se necesita una tragedia, una crisis o la voz de algún profeta de Dios para despertarnos de nuestra necesidad desesperada. Sólo entonces podemos reclamar la promesa de Dios: "Derramaré aguas sobre el sequedal y ríos sobre la tierra árida" (Isaías 44:3).

    Necesito un avivamiento cuando he perdido mi ánimo entusiasta por la Palabra de Dios, cuando mi vida de oración
    ha caído en una insulsa rutina (o ha caído por completo), cuando he dejado mi primer amor. Necesito un toque avivador de Dios cuando tengo más interés en lo que vierten en la tele que en la reunión de la asamblea local, cuando llego a tiempo al trabajo pero tarde a las reuniones, cuando no falto en mi trabajo pero mi asistencia es espasmódica en la asamblea. Necesito ser avivado cuando estoy dispuesto a hacer por el dinero lo que no hago por el Salvador, cuando gasto más dinero para satisfacerme que en la obra del Señor.
    Necesitamos avivamiento cuando guardamos rencores, resentimientos y amargos sentimientos. Cuando somos culpables de chismorrear y maldecir y recibimos palabras chismosas como si fuesen caramelos. Cuando no estamos dispuestos a confesar nuestros errores o a perdonar a otros cuando nos confiesan sus faltas. Necesitamos ser avivados cuando peleamos como perros y gatos en casa, y luego aparecemos en la asamblea con una "cara de reunión" como si fuéramos dulzura y luz. Necesitamos ser avivados cuando nos hemos conformado al mundo en nuestro hablar, nuestro caminar y todo nuestro estilo de vida. ¡Qué grande es nuestra necesidad cuando somos culpables de los pecados de Sodoma, soberbia, saciedad de pan y abundancia de ociosidad! (Ez. 16:49).

    Tan pronto como nos damos cuenta de nuestra frialdad y esterilidad., podemos reclamar la promesa de 2da Crónicas 7:14, "Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra".

    ¡La confesión es el camino que lleva al avivamiento!

    Oh Espíritu Santo, el avivamiento viene de Ti; Envía un avivamiento, comienza la obra en mí.
    Tu palabra declara que suplirás la necesidad. Tus bendiciones ahora, imploro con humildad.
    J. Edwin Orr

    PARA ENRIQUECER LA LECTURA RECOMIENDO LEER EL SIGUIENTE ARTICULO VERTIDO EN EL BLOG DILAPALABRA.BLOGSPOT.COM POR MI HERMANO JAVIER KOZAK SIN SABER QUE ESTE ARTÍCULO EXISTÍA
    COMO DEVOCIONAL EN ESTE LIBRO PARA EL MISMO DIA 4 DE JULIO.  SON COSAS QUE DIOS HACE.

  • ESPIRITU, ALMA Y CUERPO

    d2f5b6b847456b46e965be4a78da5abb.jpegTranscribo una reflexión escrita por William MacDonald en su libro: "De dia en dia" - 1985 - Ed. CLIE

    ..La división del alma y del espíritu. (Hebreos 4:12 LBLA) 

    Cuando la Biblia habla del hombre en su constitución tripartita, el orden siempre es espíritu, alma y cuerpo. 
    Pero cuando los hombres emplean estos términos, ponen en primer lugar el cuerpo, luego al alma y como último de
    todos el espíritu. El pecado ha invertido el orden divino.

    Las dos partes no materiales del ser del hombre son el espíritu y el alma.

    El espíritu habilita al hombre para que pueda comunicarse con Dios;
    el alma tiene que ver con sus pasiones y emociones.

    Aunque no nos es posible distinguir detalladamente entre el espíritu y el alma, sí podemos y debemos aprender a distinguir entre lo espiritual y lo terrenal.

    ¿En qué consiste lo espiritual? Es la predicación que exalta a Cristo, la oración que elevamos a Dios por medio de Cristo Jesús en el poder del Espíritu Santo. El servicio motivado por el amor a Dios y potenciado por el Espíritu, la adoración en espíritu y en verdad.

    ¿Qué es lo del alma? La predicación que dirige la atención al hombre, a su oratoria, a su ingenio y a su presencia dominante. Las oraciones mecánicas que no involucran al corazón sino que están calculadas para crear una impresión en los demás. El servicio por nombramiento propio, realizado por recompensa monetaria o que emplea métodos carnales. La adoración que gira en torno a ayudas materiales y visibles y no depende de las realidades espirituales invisibles.

    ¿Qué tiene que ver la Iglesia de Dios con grandes edificios, vidrieras de colores, vestiduras eclesiásticas, títulos honoríficos, velas, incienso y toda esa ostentación? O viéndolo más de cerca: ¿qué tiene que ver la verdadera Iglesia con los esfuerzos publicitarios que se hacen por todas partes para levantar fondos, el uso de recursos efectistas, payasos y otros trucos de captura, con el culto a la personalidad y espectáculos musicales, como si así se debiera evangelizar?

    Basta con ojear los anuncios de los campamentos y campañas de verano de los evangélicos para ver qué mundanos hemos llegado a ser.
    Pablo distingue entre el servicio que es oro, plata y piedras preciosas y aquel que es madera, heno y hojarasca (1 Co. 3:12).

    Todo lo que es espiritual resistirá el fuego del juicio penetrante de Dios, pero todo lo que es carnal y mundano será consumido en llamas.

  • SIMONÍA

    Hechos 8:19

    Cuando vio Simón (el mago) que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo.
    Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero.


    38594b6cf88a37c5e400cc198875726e.jpegEn su libro “De día en día”, William MacDonald, explica la palabra SIMONÍA y la define como la acción o la intención de comprar o vender deliberadamente cosas espirituales.

    Esta misma definición aunque con algo mas de amplitud usted la puede encontrar en el Diccionario de la Real Academia Española (http://www.rae.es).

    Es importante destacar que no se habla de ella a menudo y que con muy poca frecuencia la encontraremos en escritos cristianos, quizás esta es la primera vez que usted tenga contacto con ella.

    Resulta casi obvio explicar que la palabra simonía tiene su origen en la actitud que tuvo Simón el mago en el versículo que abre este comentario, éste maravillado por lo que hacían los apóstoles pretendió darle un valor monetario a lo que era un don de Dios.

    Esta palabra se utiliza en el ámbito religioso para describir tanto la acción o intención de adquirir un don espiritual mediante un pago como también por el ofrecer el ejercicio de un don obteniendo algún rédito por ello.
    William MacDonald, aclara en su comentario que existe suficiente fundamento bíblico que respalda a quienes son llamados a vivir del evangelio y que es justo que el obrero sea digno de su salario, pero este no es el punto, sabemos bien donde se encuentra el límite. Y sabemos, (como ya lo afirmaba el autor en el año 1985), que el mundo cristiano de hoy se encuentra plagado de “simonía”.

    Cantantes, predicadores, profetas, escritores, apóstoles, forman parte de la triste y conocida lista, pero en Hebreos 11 encontramos una lista de personas cuya característica principal no fueron los beneficios materiales alcanzados por profesar el evangelio, sino mas bien encontramos que dice:

    (v36-39) Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles.
    Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.
    Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido;


    Termino con este fragmento:

    “Si el dinero pudiera de alguna manera eliminarse de la así llamada obra cristiana, mucho de esto se detendría de inmediato. Pero aún quedaría siervos fieles del Señor que proseguirían hasta agotar la última pizca de su fuerza”.


    Basado en un comentario publicado en “De día en día”, William MacDonald, Editorial CLIE.