07/11/06

IRENEO DE LYON

Algunos de estos herejes enseñan que fue la Sabiduría misma la que se convirtió en Serpiente, y que por esta razón se ha levantado ella en contra del Autor de Adán y ha dado a los hombres la gnosis; por lo que se dice que la Serpiente es el más inteligente de todos los seres. (Gn. 3:1). Y afirman que hasta por la posición de nuestros intestinos, a través de los cuales se encamina la comida, se manifiesta, escondida en nosotros, la sustancia generatriz de la vida en forma de Serpiente.

Hay quienes dicen, incluso, que Caín ha salido del Poder Supremo, y que Esaú, Coré, los Sodomitas y todos sus semejantes, eran de la misma raza que la Serpiente; por lo que, aunque han estado expuestos a los ataques del Demiurgo, no han sufrido ningún daño, porqué la Sabiduría se ha adueñado de lo que en ellos le pertenecía en propiedad.



Dicen también que Judas, el traidor, conoció exactamente todo esto, y, como ha sido él el único, entre los discípulos, en poseer el “conocimiento de la verdad”, ha realizado el “misterio de la traición”, por eso por medio de él han sido destruidas todas las cosas tanto terrestres como las celestes. Exhiben, en este sentido, un escrito de su invención, al que llaman El Evangelio de Judas.



Introducen, además, subrepticiamente una multitud infinita de escrituras apócrifas y bastardas, confeccionadas por ellos, para impresionar a los necios y a los que ignoran los escritos auténticos. Publican escritos de su propia invención y se enorgullecen de poseer más evangelios de los que son en si, y han llegado a tal grado de osadía que se han atrevido a poner el título de Evangelio de la verdad, a una obra compuesta no hace mucho por ellos y que no coincide en nada con los Evangelios de los apóstoles.

En cambio, nosotros guardamos en Canon de la verdad, según el cual “hay un sólo Dios todopoderoso, quién por su palabra creó todas las cosas, y las dispuso, haciéndolas de la nada, para que existieran” Hemos mostrado sobradamente que solamente los Evangelios de los apóstoles son los únicos verdaderos y seguros y no cabe un número mayor ni menor que el indicado.



Ireneo de Lyon,
Padre de la Iglesia del Siglo II,
en Lo mejor de Ireneo de Lyon
editado por CLIE