15/10/08

LA SALVACION ES DE JEHOVA

A esta altura del año quienes hayan seguido este blog o bien su gemelo (http://g5m.blogspirit.com y http://almenoscambiemosalgo.wordpress.com) se habrán dado cuenta de que el libro de devocionales "De día en día" ya forma parte de mis preferidos. Realmente William MacDonald ha logrado captar mi atención con cada una de sus reflexiones y me han dejado cautivado por horas sus breves pero profundas percepciones de la realidad del cristiano de este siglo.  Hoy comparto con ustedes, (siempre con el temor de cansarles, espero que no), otra de sus reflexiones.

La salvación es de Jehová (Jonás 2:9)

A todos nos es familiar el celoso "ganador de almas" que va de un lado a otro, "pescando" a personas, guiándolas por medio de una fórmula de salvación, e insistiéndoles de tal modo que estas
hacen una pequeña oración y profesión de fe con tal de quitarse al pesado de encima. Éste añade otro convertido a su lista y alza la vista buscando más cabezas que contar. ¿Así se evangeliza?

Debemos admitir que no. Eso más bien es acoso religioso y proceder ilícito, y como cualquiera otra cosa hecha según las fuerzas de la carne, hace más mal que bien.

John Stott tenía razón al escribir: "Cristo tiene las llaves. Es El quien abre las puertas. Entonces, no forcemos bruscamente las puertas que aún están cerradas. Hemos de esperar que El nos las abra. La causa de Cristo es continuamente perjudicada a causa del testimonio brusco o irrespetuoso. Sin duda, tenemos que hacer lo posible para ganar a nuestros amigos, familiares y compañeros de trabajo para Cristo. Pero a veces corremos demasiado y nos adelantamos a Dios. ¡Paciencia! Ora con fervor y ama mucho, y permanece en continua expectación para aprovechar toda oportunidad que se te presente para testificar".

Aunque podamos no estar de acuerdo con mucha de la doctrina de Dietrich Bonhoeffer, haremos bien en tomar en serio estas palabras suyas: "La palabra de salvación tiene sus límites. No hay poder ni derecho para forzársela a otros... Todo intento de imponer el Evangelio por la fuerza, de perseguir a la gente y proselitizaria, de usar nuestros propios recursos para apañar la salvación de otras personas, es tanto inútil como peligroso...Tan sólo obtendremos la rabia ciega de corazones duros y entenebrecidos, y todo será inútil y dañino. Nuestra facilidad traficando la palabra de gracia barata aburre y disgusta al mundo de tal modo que, al final, se vuelve contra aquellos que intentan forzar algo no deseado".
La verdadera conversión es una obra del Espíritu Santo, No es de "voluntad de varón", en el sentido de que el hombre no la puede producir por su propio esfuerzo, por muy buena intención que tenga. Cuando se le presiona a alguien para que profese a Cristo sin tener el pleno consentimiento de su voluntad, la persona se desilusiona e insensibiliza, convirtiéndose en muchos casos en enemigo de la Cruz de Cristo.
Cuando el Espíritu Santo nos usa para la salvación de otra persona, participamos de una de las mayores experiencias de la vida. Pero resulta en algo estrafalario y grotesco cuando intentamos hacerlo en nuestras propias fuerzas.

15/09/08

Basta de Correr y Gastar

William MacDonald nos comparte en su libro “De día en Día” la siguiente reflexión y espero que al leerla despierte a quienes hoy corren detrás de todo evento, convención o congreso que se realiza como si de ello dependieran sus vidas espirituales.

Despierte a quienes hoy se encuentran, como yo me encontraba hace algun tiempo, siguiendo detrás de hombres ilustres o nuevas unciones encarnadas en super-siervos, que lo único que hicieron fue añadir desilusión y, porque no decirlo, algunas pérdidas económicas.

Cristo es el todo. (Colosenses 3:71)

Los cristianos tenemos la tendencia de gastar mucho tiempo buscandonuevas experiencias espirituales que nos garanticen, de alguna manera, una victoria permanente o la libertad de los altibajos del diario vivir. Nos apresuramos a asistir a convenciones, conferencias, seminarios y talleres en busca de una elusiva fórmula mágica que suavice las asperezas de la vida. Folletos satinados nos aseguran que el Dr. Don Fulano de Tal compartirá un nuevo secreto que nos hará avanzar en el Espíritu. O bien algún vecino celoso insiste en arrastrarnos al Auditorio Municipal para oír hablar de un atajo recientemente descubierto que nos llevará a la vida abundante.
Los señuelos son legión. Un predicador ofrece el camino verdadero a la realización. Otro anuncia el secreto triple de la victoria. Hoy asistimos a un seminario para aprender las claves de la vida más profunda. A la semana siguiente hay una convención sobre los cinco pasos fáciles a la santidad. Avanzamos en tropel para un llamado al altar que nos hará experimentar la plenitud del Espíritu. O nos obsesionamos con la sanidad del cuerpo como si ésta fuera la cosa más importante en la vida. En un minuto nos hacemos mar adentro en la llamada psicología cristiana, en el siguiente en la sanidad de los recuerdos. Damos la vuelta por mar y tierra buscando una nueva cima espiritual.

No cabe duda de que muchos de estos predicadores son sinceros y que hay valor en algunas de las cosas que dicen. Pese a todo, tenemos que volver a la esencia de la vida para encontrar que no hay atajos a la santidad, que los problemas están todavía allí y que debemos vivir día a día dependiendo del Señor.
Tarde o temprano debemos aprender que es mejor estar ocupados con el Señor Jesús que con las experiencias. No hay desilusión en El. Todo lo que necesitamos está en El. Él es el Todosuficiente.
A. B. Simpson de la Alianza Cristiana pasó la primera parte de su vida en la búsqueda de experiencias, pero en ellas no encontró satisfacción. Después escribió el hermoso himno titulado "Él Mismo":

Una vez fue la bendición, ahora es el Señor;
Una vez fue el sentimiento, ahora Su Palabra es;
Una vez Sus dones anhelé, ahora es mío el Dador;
Una vez la sanidad busqué, ahora solamente Él es.
Todo en todos, Jesús, cantaré;
Todo en Jesús y Jesús es todo.

08/09/08

SALGA URGENTE DE ESE LUGAR

William MacDonald en su libro de devocionales “de Día en Día” expresa lo que muchos de nosotros hemos querido expresar, pero el lo hace con real elocuencia.
Ante un mal que aqueja a la iglesia de la actualidad voces como la de MacDonald nos ayudan a tomar decisiones sabias por una parte, y por otra, a traer paz a los corazones de aquellos que hemos salido de sistemas de hombres y hemos buscado las sendas antiguas como único refugio para la fe en días tan turbulentos.

Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor,
Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré,
Y seré para vosotros por Padre,

Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.
2da Corintios 6:17-18

¿Qué debe hacer un cristiano cuando se encuentra en una iglesia que se ha tornado cada vez más liberal y modernista?

Esa iglesia fue fundada por hombres que creían que la Biblia es
inerrante, y en todas las demás doctinas fundamentales de la fe. Tenía una gloriosa historia de fervor evangélico y de esfuerzo misionero. Muchos de sus ancianos eran eruditos bien conocidos y fieles predicadores de la Palabra. Pero los seminarios e institutos bíblicos los han sustituido por una nueva especie y ahora los pastores que salen de ellos predican un evangelio social. Todavía
emplean fraseología bíblica, pero dan a entender algo completamente diferente con ella. Socaban las doctrinas más importantes de la Biblia, ofrecen explicaciones naturales para los milagros y hacen mofa de la moralidad bíblica. Salen al frente defendiendo la política radical y las causas subversivas. Hablan despectivamente de los fundamentalistas.
¿Qué debe hacer un cristiano? Quizás su familia ha estado relacionada con esa iglesia durante generaciones. El mismo ha contribuido generosamente a través de los años. Sus amigos más íntimos están allí. Se pregunta qué les sucederá a los jóvenes de su iglesia, si él se va. ¿No debe permanecer en la iglesia y ser una voz de Dios mientras esto sea posible?

Sus argumentos le parecen plausibles. Sin embargo, su alma justa se aflige al ver que la gente acude a las reuniones de la iglesia en busca de pan semana tras semana, y no consigue sino piedras. Aprecia todo lo que le liga aún allí y se apena al oír que a su Salvador lo condenan con confusas alabanzas.
No hay duda acerca de lo que debe hacer. Debe dejar esa iglesia. Es el claro mandamiento de la Palabra de Dios. Si se deshace de ese yugo desigual, Dios se encargará de todas las consecuencias. Dios asumirá la responsabilidad por aquellos jóvenes y proveerá nuevas amistades. De hecho, Dios mismo promete serle un Padre con una intimidad que es conocida solamente por aquellos que son obedientes indiscutiblemente.

"La bienaventuranza de la verdadera separación es nada menos que la gloriosa compañía del gran Dios".