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CUANTIFICAR

Por estos días estuve ocupándome de la lectura 1ra Crónicas 21 y su paralelo en 2da Samuel 24.

Artículo publicado en el año 2007  (revisado)

Una vez mas escribo con el ánimo de transmitir la carga y alertar a la iglesia ante la peligrosa influencia del sistema presente a raíz de la proliferación de conceptos no-bíblicos.

Hace algún tiempo atrás una persona que está sirviendo al Señor decía: “Estamos trabajando muy fuerte predicando en los hogares, ya que creemos fervientemente en el modelo de la iglesia primitiva”, palabras mas palabras menos eso fue lo que dijo, y para terminar agregó, “ya tenemos mas de doscientas casas abiertas”.  Este comentario no tiene nada de malo en si mismo.  Todos los seres humanos tenemos la tendencia de cuantificar todo lo que hacemos y en función de ello tomar decisiones.

Cuantificar es pretender demostrar a través de los números que las cosas se están haciendo correcta o incorrectamente.  Trasladando ese concepto a la iglesia, solemos pensar que una iglesia exitosa se mide por la asistencia o la cantidad de miembros.  Claramente sabemos que no es así en todos los casos.  

Pero: 

¿Es posible utilizar medidas cuantitativas para lo espiritual?

David quiso saber como se componía su pueblo. La razón no está expresada en el texto, pero sabemos que a Dios esto le molestó.  ¿Será que si eran muchos y además fuertes sería mas sencillo emprender nuevos desafíos y abandonar la fe en Dios?

Lo que mas captaba mi atención de pequeño luego de un censo de población era una estampilla que dejaban adherida a la puerta de mi casa, imaginaba que alguien contaba esos papelillos y sabía cuantas personas había.  Hoy comprendemos que censar es mas que contar.  Censar (heb. pacád) significa marcar, clasificar, señalar, inspeccionar y empadronar.

Es decir, no hay nada de malo en saber cuantos somos, el problema está cuando empezamos a clasificar a los que somos, ya sea por poder adquisitivo, situación laboral, etc.  Me temo que nada de esto le agrada a Dios, y pienso en aquella viuda que ofrendó ese pequeño monto de dinero que atravesó la historia de la humanidad.

El censo de David demoró mas de nueve meses, los resultados fueron claramente expresados, de alguna manera la gente fue clasificada, los datos fueron registrados y como corresponde, divulgados.

Pero todo ese esfuerzo fue inútil y el final fue lamentable.

Lo llamativo es que el texto declara que hubo dos tribus enteras que Dios las libró de ser “censadas” y quiero encontrar apoyo en esto para cerrar esta reflexión.

En este tiempo las cosas no son tan diferentes, todo el tiempo escuchamos que hay quienes cual ganaderos caminan con su hierro ardiente "marcando" a los suyos, pero aún existe un remanente, (no interesa saber cuantos somos), no están en los registros ni en los planes de nadie, y se contentan con solo saber que sus nombres están inscritos en el libro de la vida y no en padrones humanos.  Un remanente fiel que portará el verdadero mensaje de Cristo hasta el último día.

Mientras los censistas espirituales hacen números, reclutan y clasifican personas y mientras los líderes modernos siguen abrazan el "marketing espiritual", hay algunos, que no llevan orgullosos la marca de denominaciones, no portan modernos logotipos congregacionales sino que llevan en sus cuerpos las únicas marcas que verdaderamente importan, las marcas de Cristo, su Señor.

Estos, tan solo estos, son los que, como desconocidos pero bien conocidos, están trastornando el mundo tal como lo hicieron aquellos primeros.

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