08/09/08

SALGA URGENTE DE ESE LUGAR

William MacDonald en su libro de devocionales “de Día en Día” expresa lo que muchos de nosotros hemos querido expresar, pero el lo hace con real elocuencia.
Ante un mal que aqueja a la iglesia de la actualidad voces como la de MacDonald nos ayudan a tomar decisiones sabias por una parte, y por otra, a traer paz a los corazones de aquellos que hemos salido de sistemas de hombres y hemos buscado las sendas antiguas como único refugio para la fe en días tan turbulentos.

Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor,
Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré,
Y seré para vosotros por Padre,

Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.
2da Corintios 6:17-18

¿Qué debe hacer un cristiano cuando se encuentra en una iglesia que se ha tornado cada vez más liberal y modernista?

Esa iglesia fue fundada por hombres que creían que la Biblia es
inerrante, y en todas las demás doctinas fundamentales de la fe. Tenía una gloriosa historia de fervor evangélico y de esfuerzo misionero. Muchos de sus ancianos eran eruditos bien conocidos y fieles predicadores de la Palabra. Pero los seminarios e institutos bíblicos los han sustituido por una nueva especie y ahora los pastores que salen de ellos predican un evangelio social. Todavía
emplean fraseología bíblica, pero dan a entender algo completamente diferente con ella. Socaban las doctrinas más importantes de la Biblia, ofrecen explicaciones naturales para los milagros y hacen mofa de la moralidad bíblica. Salen al frente defendiendo la política radical y las causas subversivas. Hablan despectivamente de los fundamentalistas.
¿Qué debe hacer un cristiano? Quizás su familia ha estado relacionada con esa iglesia durante generaciones. El mismo ha contribuido generosamente a través de los años. Sus amigos más íntimos están allí. Se pregunta qué les sucederá a los jóvenes de su iglesia, si él se va. ¿No debe permanecer en la iglesia y ser una voz de Dios mientras esto sea posible?

Sus argumentos le parecen plausibles. Sin embargo, su alma justa se aflige al ver que la gente acude a las reuniones de la iglesia en busca de pan semana tras semana, y no consigue sino piedras. Aprecia todo lo que le liga aún allí y se apena al oír que a su Salvador lo condenan con confusas alabanzas.
No hay duda acerca de lo que debe hacer. Debe dejar esa iglesia. Es el claro mandamiento de la Palabra de Dios. Si se deshace de ese yugo desigual, Dios se encargará de todas las consecuencias. Dios asumirá la responsabilidad por aquellos jóvenes y proveerá nuevas amistades. De hecho, Dios mismo promete serle un Padre con una intimidad que es conocida solamente por aquellos que son obedientes indiscutiblemente.

"La bienaventuranza de la verdadera separación es nada menos que la gloriosa compañía del gran Dios".

Comentarios

Años atrás un movimiento novedoso y herético atrapó al grueso de la congregación y al pastorado de la iglesia que por ese entonces concurría.

Junto a mi esposa habíamos estado en ella por años. Pasamos lo mejor de la nuestra adolescencia y juventud. Habíamos dejado en "esa" iglesia horas y horas de servicio.
Y en rigor de verdad, teníamos una historia.

El caos ideológico y espiritual se apoderó de la hermandad y el desmembramiento no tardó en llegar. Por supuesto, tampoco faltaron nuevos adeptos a las corrientes novedosas.

Llegó un punto en el que, como otros, nos vimos aislados, o peor, como atrapados a contracorriente en un rápido.

Y debimos irnos.

Durante meses no encontramos un lugar para congregarnos. Y tampoco queríamos hacerlo.
Sentíamos que nos habían invadido, que nos habían saqueado.
Y de alguna manera era cierto.

La impotencia y la bronca se transformó en un duelo prolongado.
Fue un tiempo de soledad y tristeza, como todos los duelos. Mas Jesucristo que está por sobre los hombres, los templos y las denominaciones, nos guardó; estuvo en nosotros mantenernos fieles.

Hoy en día estamos en el ruedo otra vez, mirando un pasado aleccionador y un futuro dependiente de Dios, a pesar de los hombres.

Si alguien me lo pregunta, hoy digo que no es cobardía dejar una batalla, si esta solo llega a transformarse en un desangramiento estéril. En definitiva, la batalla es de nuestro Señor, de cuyo ejército somos soldados.

¡Bendiciones!
Daniel

Anotado por: Daniel Dañeiluk | 09/09/08

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