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17/03/08
FUEGO VIVO, VIENTO FRESCO (Parte 4)

Para finalizar esta serie, quiero compartir lo que
el pastor Cymbala dice acerca
de este anónimo, Daniel Nash, en su libro
FUEGO VIVO, VIENTO FRESCO,
de seguro te bendecirá e inspirará como ha
sucedido
conmigo.
Recomiendo enérgicamente la lectura completa
de este libro.
Un hombre de la talla de Eleazar me trae a la memoria el poco conocido y casi nunca visto compañero del gran evangelista Charles Finney durante el Segundo Gran Despertar. Su nombre era Daniel Nash, y contaba con un deslucido historial como pastor de una iglesia en la parte norte del estado de Nueva York. Finalmente decidió, a la edad de cuarenta y ocho años, entregarse de lleno a la oración por las reuniones de Finney.
"Padre Nash", como le decían algunos, se dirigía silenciosamente a una ciudad unas tres o cuatro semanas antes
de la llegada de Finney, alquilaba una habitación, buscaba
otros dos o tres cristianos de igual sentir para que se le
unieran, y empezaba a suplicar a Dios. En una ciudad lo mejor que pudo encontrar fue una oscura y húmeda bodega
que se convirtió en su centro de intercesión.
En otro lugar, relata Finney:
Cuando llegué a la ciudad para empezar una campaña de avivamiento una mujer que administraba una pensión se puso en contacto conmigo. Me dijo:
— Hermano Finney, ¿conoce usted a un tal Padre
Nash? Él y dos hombres más han estado en mi pensión
durante los últimos tres días, pero no han comido
nada. Abrí la puerta para espiarlos porque escuchaba
sus gemidos, y vi que estaban postrados sobre sus rostros. Han estado así durante tres días, postrados en el
piso y gimiendo. Pensé que algo horrible les había su
cedido. Tenía temor de entrar y no sabía qué hacer.
¿Podría usted venir a ver cómo están?
Le respondí:
— No, no será necesario. Sólo tienen un espíritu de lucha en oración.'
Cuando empezaban las reuniones públicas, por lo general Nash no asistía a ellas. Seguía orando en su escondite para que la convicción del Espíritu Santo derritiera a la multitud. Si surgía oposición — como sucedía con frecuencia en esos días difíciles del 1820 — Finney se lo comentaba, y el Padre Nash se dedicaba con aun mayor intensidad a la oración.
Una vez un grupo de hombres jóvenes anunció abiertamente que iban a interrumpir las reuniones. Nash, después de orar, salió de las sombras para encararlos. "Ahora bien, ¡créanme, jóvenes! Dios romperá sus filas en menos de una semana, 3?a sea por convertir a algunos de ustedes o por enviar a algunos al infierno. Hará esto tan cierto como que el Señor es mi Dios."
Finney admite que en ese momento pensó que su amigo _ había perdido el juicio. Pero el martes siguiente por la mañana, apareció de repente el cabecilla del grupo. Se quebrantó delante de Finney, confesó su actitud pecaminosa y se entregó a Cristo.
"¿Qué debo hacer, Sr. Finney?" le preguntó después. El evangelista le dijo que regresara a decirle a sus compañeros lo que había cambiado en su vida. Antes de que acabara la semana, "casi todos, si no todos los que eran de ese grupo de jóvenes habían creído en Cristo".
En 1826 una turba en cierta ciudad quemó efigies de ambos: Finney y Nash. Estos inconversos reconocían que un hombre representaba una amenaza tan grande para su maldad como el otro.
Poco antes de morir Nash en el invierno de 1831, escribió en una carta lo que sigue:
Ahora estoy convencido de que es mi deber y privilegio, y el deber de todos los demás cristianos, orar pidiendo una porción del Espíritu Santo que sea tan grande como la que descendió en el día de Pentecostés, y mucho más ... Mi cuerpo está dolorido, pero estoy gozoso en mi Dios ... Recién estoy empezando a entender el significado de lo que dijo Jesús: "Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis".
A los cuatro meses de la muerte de Nash, Finney dejó el campo itinerante para ser pastor de una iglesia en la ciudad de Nueva York. Ya no estaba su compañero que lo ayudaba a romper las puertas del infierno. Si usted quiere ver hoy la tumba del Padre Nash, será necesario que vaya hasta el norte del estado de Nueva York, casi en la frontera con Canadá. Allí, en un cementerio abandonado junto a un camino de tierra, encontrará una lápida que lo dice todo:
DANIEL NASH COMPAÑERO DE OBRA DE FINNEY
PODEROSO EN ORACIÓN 17 DE NOV., 1775 — 20 DE DIC, 1831
Daniel Nash era un don nadie para la elite de su tiempo. Para ellos, este hombre humilde no habría merecido comentario alguno porque vivía en un plano totalmente diferente. Pero puede estar seguro de que era bien conocido tanto en el cielo como en el infierno.
19:40 Anotado en Fragmentos | Permalink | Comentarios (1) | Enviar a Email | Tags: daniel nash, fuego vivo, viento fresco, jim cymbala
Comentarios
Muy buena serie, enhorabuena
Anotado por: minijuegos | 01/04/08

