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15/11/07
DE OTRO REINO
En su libro “Cómo vivir sobre el nivel de la mediocridad”, Charles R. Swindoll escribe en el capitulo 2 y bajo el título “Tiene que ver con otro reino”, las siguientes palabras, POR FAVOR PRESTE ATENCIÓN A LA CONCLUSIÓN FINAL:
Nuestra primera parada: Hechos 8:12,13
Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y. el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito. (Hechos 8:12, 13)
¿Quién era Simón? Los tres versículos anteriores lo dicen.
Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, ha-ciéndose pasar por algún grande. A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios. Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mu-cho tiempo. (Hechos 8:9-11)
Simón era un mago cuya reputación le había ganado el título de "el gran poder de Dios". Si viviera hoy, todos desearían verlo. . . todas las cadenas de televisión andarían tras él. No obstante, cuando oyó el mensaje de Felipe, "el evangelio del reino de Dios", Simón lo aceptó sin hacer preguntas. Creer el evangelio es sencillo y rápido. Vivirlo es otro asunto. Simón se daría cuenta después.
Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. (Hechos 8:17-19)
¡Desde luego! Es exactamente la manera en que responderían muchos. "¡Este poder vale lo que sea... quiero comprar cincuenta acciones!" Simón les ofreció dinero. "Quiero meterme en el negocio. Lo pondré en el mercado. ¡Véndanme un poco de ese poder!"
Observe a Pedro. Hay veces en las que se distingue verdaderamente, y este es uno de esos maravillosos momentos:
Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. (Hechos 8:20-23)
¡Eso sí se llama reprender! No hay duda de que Pedro había cautivado la atención de ese sujeto. Ahí estaba Simón diciendo: "Bueno, bueno." Pero no era una respuesta colérica".
Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí. (Hechos 8:24)
Había la suficiente sinceridad en ese hombre como para decir: "Simón, te agarraron fuera de base. Eso no tiene nada que ver con el reino de Dios. Quisiste hacer negocio carnal. Te saliste de la línea, Simón. Cuando Simón se dio cuenta de su falta, la reconoció.
La observación que necesitamos recordar de ese incidente es que la autoridad del reino disminuyó el significado de todos los otros poderes.
La aplicación que la acompaña es de igual importancia:
CUANDO ENFRENTE LA TENTACIÓN DE HACERSE FAMOSO INVOQUE EL PODER DEL REINO.
Tal vez usted tenga grandes talentos y la capacidad de hacer cosas maravillosas que muevan al público a admirarlo. En el proceso de su crecimiento, encontrará la gran tentación de dar a conocer su nombre, de buscar la fama, de llamar la atención, de recibir el aplauso, de desplegar su esplendor, de subir sus honorarios, de hacer valer sus derechos, de exigir un trato especial. Después de todo, ahora usted tiene autoridad.
¡La gente habla de usted! Pero mejor recuerde a Simón. Realice también el ministerio de las cosas pequeñas.
Enamorado aún con las luces, Simón siguió buscando la manera de promoverse a sí mismo, hasta que aprendió de la autoridad del reino. Así que, cuando enfrente la tentación de buscar la gloria para usted mismo, invoque el poder del reino.
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