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MACER, EL GLADIADOR

medium_hombre_romano.jpgFragmento extraído del primer capítulo (El Coliseo) del libro "El Martir de las catacumbas"

...Seguidamente se le soltó un león. Este dio muestras de extrema ferocidad, aunque por su tamaño no salía de lo común. No cabía la menor duda de que el de Batavia no se igualaba a Macer. El león se lanzo sobre su victima, habiendo sido herido; pero, al lanzarse por segunda vez al ataque, agarro a su adversario, y literalmente lo despedazo. Entonces nuevamente fue sacado Macer, para quien fue tarea fácil acabar con el cachorro.

Y esta vez, mientras Macer permanecía de pie recibiendo los interminables aplausos, apareció un hombre por le lado opuesto. Era el africano. Su brazo herido ni siquiera había sido vendado sino que colgaba a su costado, completamente cubierto de sangre. Se encamino titubeando hacia Macer, con penosos pasos de agonía. Los romanos sabían que este había sido enviado sencillamente para que fuese muerto. Y el desventurado también lo sabia, porque conforme se acerco a su adversario, arrojo su espada y exclamo en una actitud mas bien de desesperación:

¡Mátame pronto! Líbrame del dolor.

Todos los espectadores a uno quedaron mudos de asombro al ver a Macer retroceder y arrojar al suelo su espada.
Todos seguían contemplando maravillados hasta lo sumo de silenciosos y su asombro fue tanto mayor cuando Macer volvió hacia el lugar donde se hallaba el Emperador, y levantando las manos muy alto clamo con voz clara que a todos alcanzó:

¡Augusto Emperador, yo soy cristiano! Yo peleare con fieras silvestres, pero jamás levantare mi mano contra mis semejantes, los hombres, sean del color que fueren. Yo moriré gustoso; pero ¡yo no matare!


Ante semejantes palabras y actitud se levanto un creciente murmullo.

¿Que quiere decir este? ¡Cristiano! ¿Cuando sucedió su conversión? – pregunto Marcelo.

Lúculo contesto, - supe que lo habían visitado en el calabozo los malditos cristianos, y que el se habría unido a esa despreciable secta, en la cual se halla reunida toda la faz de la humanidad. Es muy probable que se haya vuelto cristiano.

¿Y preferirá el morir antes que pelear?

Así suelen proceder aquellos fanáticos. La sorpresa de aquel populacho fue reemplazada por una ira salvaje.
Le indignaba que un mero gladiador se atreviera a decepcionarles. Los lacayos se apresuraron a intervenir para que la lucha continuara. Si en verdad Macer insistía en negarse a luchar debería sufrir todo el peso de las consecuencias.
Pero la firmeza del cristiano era inconmovible. Absolutamente desarmado avanzo hacia el africano, a quien el podía haber dejado muerto solamente con un golpe de su puño. El rostro del africano se había tornado en estos breves instantes cual de un feroz endemoniado. En sus siniestros ojos relumbraba una mezcla de sorpresa y regocijo loco.
Recogiendo su espada y asiéndola firmemente se dispuso al ataque con toda libertad, hundiéndola de un golpe en el corazón de Macer.

- ¡SEÑOR JESUS, RECIBE MI ESPIRITU!

Salieron esas palabras entre el torrente de sangre en medio del cual este humilde pero osado testigo de Cristo dejo la tierra, uniéndose al nobilísimo ejercito de mártires.

Comentarios

  • Me parece espectacular y quiero leer este libro el martir de las catacumbas.

    Ya lo estoy descargando.

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